
Un pastor del sur de Etiopía descubrió, allá por el año 850, que sus cabras se mostraban especialmente vivaces cuando las llevaba a pastar en cierto lugar. Curioso, siguió a las cabras y comió algunas de las moras. Inmediatamente sintió los efectos y lo comunicó a los sacerdotes de un monasterio, quienes comenzaron a comer las hojas para mantenerse despiertos durante las plegarias y las largas horas de meditación. La sustancia activa del café (la cafeína) fue descubierta en el año de 1800. Los efectos de la cafeína son debidos a la liberación de diferentes sustancias en el cerebro y el bloqueo de otras. La adenosina produce sueño, y el café contrarresta a este neurotransmisor, por lo que aumenta el estado de alerta. Los consumidores habituales de café tienen cierta resistencia a los efectos de éste (habituación), y los fumadores suelen metabolizar más rápido el café, con lo que los efectos son menores.
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