
El médico y toxicólogo Philippus Paracelsus (mejor conocido como Paracelso) prescribió ampliamente el opio como un analgésico a lo largo de sus viajes por toda Europa. Usando su visión comercial, cambió el nombre de la droga por uno que era más atractivo, y lo llamó láudano.
Durante los siguientes 300 años, la droga se volvió más común que el Advil en nuestros días, y era prescrita para todo, desde resfriados hasta diarrea o insomnio. Para quienes no sepan del poder adictivo de esta droga, baste decir que una de sus formas es la heroína.
Los poetas y novelistas, incluyendo a Elizabeth Barret Browning y Charles Dickens (y sin olvidar a Arthur Connan Doyle, el creador del mítico Sherlock Holmes) tomaban láudano para curarse de su bloqueo como escritores. Algunos, como Mary Todd Lincoln (la esposa de Abraham Lincoln) lo mezclaban con alcanfor con la finalidad de cometer suicidio. Por fortuna, el farmacéutico sospechó las intenciones de la insigne dama y le dio pastillas de azúcar en lugar de láudano.
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Paracelso y sus irreverencias, pero bueno, es uno de los grandes maestros de mi disciplina.
Yo tuve un accidente doloroso y me dieron morfina…. ahora sufro “accidentes” muy seguido.
Anti-Ciber:
Je, je. Ojalá no sea muy, muy seguido.
Saludos