Solemos pensar que toda la grasa es mala, y que la única grasa buena es la que está en los demás y no en nosotros. También nos han dicho que la grasa visceral (la que rodea nuestros órganos abdominales) es la peor de todas, pues favorece la aparición de enfermedades como diabetes y otras.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard se propusieron investigar cuánto hay de cierto en esto y trasplantaron grasa visceral al tejido subcutáneo (debajo de la piel) de otros ratones y viceversa, para ver qué sucedía.
Y se llevaron una gran sorpresa.
Aquellos ratones que recibieron un trasplante de grasa subcutánea en el interior de sus abdómenes, bajaron de peso, disminuyeron su índice de grasa corporal y también se redujo el tamaño de sus células adiposas. Además, mejoró notablemente su forma de metabolizar el azúcar en sangre. Todo esto sin que comieran menos, y realizando la misma cantidad de ejercicio cada día.
El estudio, publicado en el número de mayo de la revista Cell Metabolism demuestra que, al contrario de lo que se pensaba, no toda la grasa es mala, y que aún hay mucho por aprender.
¿La obesidad podría controlarse con un trasplante de grasa?
Otros Artículos Relacionados



