No cabe duda de que los perros son criaturas bastante inteligentes, y a los amantes de los perros les gusta presumir lo listas que son sus mascotas. Pero, ¿qué tan buenos son los perros para entender nuestro lenguaje? ¿Cuántas palabras pueden aprender?
Stanley Coren, un psicólogo que ha realizado numerosos estudios sobre la inteligencia de los perros dice que, en promedio, un perro entrenado puede aprender alrededor de 160 palabras.
Un perro llamado “Rico”, famoso por conocer 200 palabras de nuestro lenguaje y que en algún momento fue estrella de televisión, fue llevado al Instituto Max Plack para una serie de pruebas, las cuales corroboraron que Rico conocía todas esas palabras. Para comprobarlo, colocaron objetos familiares en una habitación y le pedían que los trajera. Incluso, era capaz de identificar objetos que jamás había visto por el proceso de eliminación. Un mes después del experimento, Rico fue llevado nuevamente al laboratorio e identificó correctamente los objetos que le habían sido mostrados en sólo una ocasión, treinta días atrás.
Pero, ¿pueden en realidad los perros comprender nuestro lenguaje? La respuesta rápida es NO. Hasta donde se sabe (y los científicos pueden estar equivocados) un perro es capaz de identificar los elementos concretos del lenguaje (lápiz, casa, árbol, etc.). Sin embargo, detrás de cada palabra hay un concepto, una simbología, una historia. Es ahí donde la inteligencia del perro resulta inferior, pues no poseen la capacidad de comprender los conceptos abstractos.
Otro asunto fundamental es la sintaxis, que es la forma en que están ordenadas las palabras. No es lo mismo decir “el perro mordió al hombre” que “el hombre mordió al perro”. Ambas frases contienen las mismas palabras, pero significan cosas opuestas. Un perro puede reconocer las palabras, pero es incapaz de captar el significado de ellas en una frase.
Pero… si los perros no pueden entender nuestro lenguaje, ¿cómo es que parecen comprendernos cuando les hablamos? Numerosos estudios han demostrado que los perros son increíblemente hábiles para entender nuestro lenguaje corporal, nuestros gestos, la expresión de nuestro rostro, los olores que despedimos cuando experimentamos emociones y, sobre todo, el tono de nuestra voz. Y como somos incapaces de mentir en esos aspectos de nuestra conducta, pues resulta que los perros nos conocen mucho mejor que los demás seres humanos, y que nosotros mismos.




