Una noche, hace poco más de un año, Guadalupe Lauren se encontraba bebiendo con Ulises, su novio, y Erika, una amiga. Era ya bastante tarde y, de pronto, el hijo de Guadalupe, de tres años, despertó llorando. Ulises, enfurecido, comenzó a golpearlo. Unos minutos después, el niño estaba muerto y se pusieron a discutir qué hacer con él. Tras deliberar, decidieron meterlo al refrigerador y reflexionar sobre la mejor manera de deshacerse del cuerpo.
Al día siguiente, Ulises se presentó en casa de Guadalupe y cavó una fosa de metro y medio de profundidad en el piso de tierra del baño. Envolvieron el cuerpo del niño en una sábana, después en una bolsa de plástico y lo cubrieron con tierra.
Un año después, Guadalupe se presentó ante la policía y confesó el crimen. Fue el remordimiento lo que la condujo ahí y contó los detalles del asesinato. Cuando la policía cavó en el cuarto de baño, hallaron el cuerpo y detuvieron a Ulises y a Erika, quienes dijeron que el crimen fue cometido a petición de Guadalupe, quien estaba cansada del niño.
Las investigaciones continúan, pero eso no reparará nada.



