
En todos los países del mundo la esperanza de vida para las mujeres es mayor que la de los hombres. Esto, por lo menos en parte, se debe a la testosterona, la hormona masculina. En todas las especies animales, los niveles de esta hormona son mayores en los machos, lo que les confiere agresividad y el deseo de prevalecer sobre los otros machos para reproducirse con las mejores hembras. Los machos pelean entre sí, y algunos mueren. También adoptan conductas de riesgo, y eso eleva la mortalidad. Es curioso que las conductas de riesgo potencialmente mortales de los varones se incrementen si hay mujeres cerca, pues tienden a alardear y a pelear con otros machos para demostrar su dominio. Por último, los machos son más propensos a las infecciones, lo cual puede deberse a los efectos de la testosterona sobre el sistema inmunológico.



