
La revista New Scientist publicó un interesante artículo sobre el Dr. James Barry, un médico pionero, cirujano militar e inspector General de Hospitales Militares en Canadá allá por los primeros años de 1800. Barry, entre otras cosas, fue un promotor de las reformas médicas, quien peleó por una mejor comida, por elevar el nivel de las condiciones sanitarias y por el adecuado cuidado médico para los soldados, civiles, prisioneros y leprosos (una vez, incluso, sostuvo un duelo para conseguir que fuera construido un leprosario).
Lo curioso es que el Dr. James Barry era, en realidad, la Doctora Barry, cuyo verdadero nombre era Margaret Ann Bulkley.
En aquellos tiempos, ninguna escuela médica en Inglaterra admitía a mujeres entre los estudiantes. Si Margaret tenía intenciones de ingresar en la escuela médica, primero debía disfrazarse de hombre.
La desaparición de Margaret Bulkley y el nacimiento de un joven estudiante de medicina llamado James Barry fue cuidadosamente planeada. Los Bulkleys no eran conocidos en Escocia, así que planearon establecerse ahí como si fueran tía y sobrino (el sobrino era Margaret). Cuando viajaron a Edimbrugo (Escocia), Margaret ya iba disfrazada de varón, o se hubieran expuesto a que los pasajeros del barco comenzaran a rumorar sobre la desaparición de Margaret y la repentina presencia de James.
Para proteger el secreto de Margaret, tanto ella como su tía cortaron toda relación con amigos y familiares. Sólo ellos sabían la verdad. De ahí en adelante, Margaret siempre usaría un grueso abrigo para ocultar sus formas femeninas y mentiría sobre su edad para evitar las incómodas preguntas acerca de su delicada barbilla y su voz aguda.



