
Los compradores de una vieja propiedad llegaron a la casa que acababan de comprar en una subasta. Quitaron las tablas que cubrían la puerta delantera y entraron para ver en qué estado se encontraba el lugar. Después, llamaron a la policía.
Sentado, muy derecho, en una esquina se encontraba un esqueleto humano vestido con un traje deportivo rojo. Junto a él yacía un perro muerto. Los vecinos dijeron a la policía que casi seguramente se trataba de Randy Johnson, un hombre de mediana edad que vivía solo en la casa.
La causa de la muerte de Johnson no ha sido determinada, pero ése es sólo uno de los misterios. La casa de Johnson había sido transferida en tres ocasiones a otros tantos compradores sin que nadie se diera cuenta que el esqueleto se encontraba ahí.
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