Si alguna vez nos hemos asomado a un libro de historia, seguramente habremos escuchado hablar de la peste bubónica, o “la peste negra”. Se trata de una enfermedad que abatió Europa en 1348 y acabó con la tercera parte de la población. En aquél entonces poco se sabía de los medios de contagio, y muchas veces se achacaba su presencia a motivos religiosos. Se pensaba que era transmitida por los olores, o que estaba condicionada por un “exceso” de sangre, para lo cual los médicos extraían al paciente cantidades formidables de ésta con el objeto de curarlos, sin saber que los mataban. Millones de personas murieron sin que se supiera la causa. El motivo de esta pandemia era la proliferación de roedores y las condiciones insalubres que predominaban en la Edad Media. El agente, Yersinia pestis, es transmitido al humano por la picadura de una pulga previamente infectada de una rata o algún otro roedor.
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