
Uno de los fenómenos más extraños es el del hipo o, como se le llama en la jerga médica, singulto. Se ocasiona por contracciones involuntarias de un músculo llamado diafragma, que se encuentra entre la cavidad torácica y la abdominal. Por lo general se cura conteniendo la respiración o recibiendo un susto. Sin embargo, aún no se sabe qué función tienen estos espasmos.
Neil Shubin, un anatomista de la Universidad de Chicago, escribió un libro titulado "Your Inner Fish" (Tu Pez Interior). En él, dice que el hipo se desencadena por señales eléctricas generadas en el tallo cerebral (la parte más primitiva del cerebro). Los tallos cerebrales de los anfibios emiten señales parecidas, las cuales controlan el movimiento de las branquias. Nuestros tallos cerebrales han sido la herencia que nos dejaron nuestros antecesores anfibios (y nuestros antecesores peces). Según Shubin, el hipo es el equivalente a la respiración con branquias.
Así pues, cuando tenemos hipo es porque se despiertan ciertos comportamientos atávicos (ancestrales) y nuestro tallo cerebral comienza a funcionar como lo hacía en los peces. Sin embargo, los espasmos cesan cuando nuestro cerebro se da cuenta de que no somos unos peces prehistóricos, sino seres humanos.
Esto nos demuestra que, en el fondo, no somos tan diferentes de algunas especies inferiores. Quienes piensan que el ser humano no le debe nada a los demás integrantes del reino animal, deberían reconsiderar su actitud y recordar que alguna vez fuimos simples peces.
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