Intercambio
(Cuento)
No creo que haya muchas personas que tengan la oportunidad de asistir a su propio entierro, de mezclarse entre los dolientes y de escuchar el discurso del sacerdote sobre uno mismo. Cuando bajaron el ataúd, sentí un gran consuelo y tuve la certeza de que en verdad iba a salirme con la mía, de que nadie sospecharía nada.
Cuando abracé a mi mujer para darle el pésame, ella me miró a los ojos y, por un momento, tuve la sensación de que me había reconocido. Su mirada se clavó en mí y arrugó el ceño. Abrió la boca como para decirme algo, pero de sus labios no brotó el menor sonido. Por fortuna, alguien más reclamó su presencia y se alejó, no sin antes dedicarme un último vistazo. ¿Me había reconocido?
La tarde anterior, le pedí a mi mejor amigo que nos reuniéramos en mi laboratorio con el pretexto de mostrarle uno de mis más recientes inventos: El transductor de conciencia. Se trataba de un pequeño aparato con dos cascos que, presumiblemente, sería capaz de transmitir ciertas sensaciones de una persona a otra. Sin embargo, lo había modificado y aquél día el transductor haría algo más.
Hernán (mi amigo) era el sujeto perfecto: Vivía solo y no tenía muchos amigos ni familiares. Además, era joven y se encontraba en perfecto estado de salud, Yo, en cambio, estaba muriendo. Los médicos me habían dado sólo unas semanas de vida y el tiempo apremiaba.
Unos minutos antes de que llegara Hernán al laboratorio, bebí un potente veneno y escribí la nota suicida. Poco después, ambos teníamos los cascos puestos y programé el aparato con dedos temblorosos, pues el veneno comenzaba a hacer efecto.
Todo sucedió en pocos minutos: De pronto, yo estaba en el cuerpo de mi amigo y éste moría por el efecto del veneno, entre convulsiones y gritos ahogados. Lo demás fue sencillo: Llamé a la policía, respondí unas cuantas preguntas y salí del laboratorio rumbo a mi nueva vida.
© Andrés Borbón 2008
Escrito el Wednesday, March 26 2008
Autor: Andrés Borbón
Categoría: TecnoFicción
Etiquetas: Ciencia Ficción, Cuentos, Literatura, Tecnoficción
Artículos Realacionados: Afrodita, Alebrijes, Magia, Chica Virtual, Teletransportación,
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xD!!! Suicido su cuerpo (suena raro) y mantuvo con vida su espíritu en el cuerpo de su “amigo” xD este tipo si que estaba loco y quería ser inmortal xD!! y que va a hacer después? seguirá haciendo lo mismo infinitamente? xD o lo descubrirán? o.O ammm es como un demonio de Devil inc xD!!! me dejo traumado el libro xD ;)
Stuckerboy: Sí, en efecto, es algo parecido a los demonios de la novela de Dante. Je, je. Uno toma la inspiración de donde puede, ¿no?
Fijate que no recuerdo donde, pero algo así de macabro (¿o macabron?) había leido en algún lado
Entre los kafka y Horacio Quirogas del mundo ya queda poco lugar para horrorizarse
Ahora hay que sumarle los Andrés(¿es?) Borbón (¿es?) del mundo
Jiff: Je, je, pues muy honrado por las comparaciones. Hasta a mí, que fui quien lo escribió, me dio un poco de miedo el cuento. Je, je. No cabe duda que, de repente, a todos se nos sale un poquito el demonio que llevamos dentro.
jejeje muy buen relato, me recordo a tipicos cuentos de ficcion donde se intercambian cuerpos, igual es un tema muy socorrido en los comics, y tambien se asemeja a una sombra de los de Devil Inc.
Saludos
Dante
Dante: Pues claro que se parece a Devil Inc. Faltaba más!! No por algo estoy esperando ansioso los siguientes capítulos. No quiero presionarte, pero ¡apurate! Je, je.
Me recuerda mucho ese cuento de Cortázar, “Lejana” y también “Axolotl”
Playmate Perturbada: Tuve que rescatar tu comentario de entre los comentarios Spam. Será por el nick que elegiste, que mi sistema antispam lo detecta como tal.
He leído esos cuentos del Gran Cronopio y, la verdad, él está a años luz de mis burdos intentos. Muy honrado por la comparación. ¡Bienvenida al Blog!