Chica Virtual

by Andrés Borbón on 25 February, 2008

in Literatura, TecnoFicción

Virtual Girl-1

(CUENTO)

Cuando hablé por teléfono con Jenny para decirle que llegaría tarde a casa porque tenía trabajo atrasado en la oficina, no me creyó una sola palabra. No la culpo, pues en realidad tenía planeado ir con unos amigos a cenar. Sin embargo, era preferible decir una pequeña mentira que tolerar sus reproches, celos y enojos.

La cena fue de lo más agradable. Cuando íbamos por los aperitivos, a alguien se le ocurrió ir a un centro nocturno para "relajarnos un poco". Yo dudé un poco antes de aceptar, pues sabía que Jenny no vería con buenos ojos que anduviera metiendo mis narices en lugares como ése, pero me vi forzado a aceptar. No obstante, les advertí a mis amigos que no bebería una copa más, pues al día siguiente tenía que trabajar y no me agradaba la idea de pasar diez horas en la oficina y con resaca. La verdadera razón era que no quería enfadar aún más a Jenny, quien se enfurecía al verme borracho y era capaz de armarme una escena de lo más desagradable.

Era un lugar bastante sórdido, con bailarinas exóticas y servicios "privados". Alguien me dijo (creo que fue uno de los meseros), que las chicas virtuales eran de lo más amables, y que tenían programas para satisfacer los gustos más exigentes. No quise contratar ninguno de los servicios que ofrecían, y en lugar de eso me quedé un buen rato solo en la mesa, contemplando el fondo de mi vaso de limonada.

Cuando dieron las dos de la mañana, pedí la cuenta y me marché del lugar. Al abrir la puerta de mi casa, traté de hacerlo con todo sigilo para no despertar a Jenny, pero ella se encontraba ya frente a mí, con los brazos en la cintura y una expresión poco agradable en el rostro. Comenzó a reñirme pero, de pronto, algo se alteró en sus facciones y quedó paralizada, con un brazo levantado y formando una gran "o" con los labios. Suspiré, aliviado. Cada vez que se enfadaba sucedía lo mismo: Los circuitos se sobrecargaban y quedaba congelada. Había que resetearla pero, tal y como estaban las cosas, tal vez lo hiciera mañana temprano, para poder dormir tranquilo y sin tener que escuchar sus interminables reproches.

© Andrés Borbón 2008

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