Feb
20
Teletransportación
Archivado En: TecnoFicción

Hace un par de semanas, acepté la invitación de un amigo para ir a su casa y beber un par de cervezas. Esas reuniones llevaban repitiéndose una vez al mes, más o menos, desde los lejanos tiempos de la universidad y siempre terminábamos recordando viejas películas, el nombre de las chicas con las que salimos y a los profesores que detestábamos. Una rutina que seguíamos al pie de la letra con más resignación que placer y que, invariablemente, nos ponía algo nostálgicos.
Antes de entrar a la cámara teletransportadora, le di un beso a mi mujer y aseguré que estaría en casa antes de la medianoche. Ella me miró de la misma forma que siempre, un poco con reproche, pues sabía que llegaría más tarde, alrededor de las tres de la mañana y un poquito achispado. Sin embargo, sonrió y me dijo que ella y los niños planeaban ir de compras y a casa de sus padres, que no me preocupara por la hora. Buena chica.
No recuerdo bien cómo sucedió. Debí cometer un error al oprimir los botones en el panel de control, o la máquina tendría un desperfecto. Sentí el conocido cosquilleo en la piel cuando el escáner holográfico recorrió mi cuerpo y, en vez del habitual destello purpúreo que invariablemente precedía a la teletransportación, me vi sumido en la más absoluta oscuridad. Miré en todas direcciones y extendí los brazos, pero las puntas de mis dedos no hallaron nada que palpar. Intenté caminar, pero me di cuenta que mis pies no tocaban el suelo. Era como si flotara en un mar negro, tibio y silencioso. Cuando traté de gritar pidiendo ayuda, de mi boca no salió el menor sonido.
Pasó algún tiempo (¿Días? ¿Semanas?) antes de que percibiera aquel tenue destello en el cielo, muy por encima de mí. Alcé los brazos hacia él, intenté saltar, nadar, trepar, pero nada funcionaba. Seguía en el mismo punto y, por momentos, perdía de vista el débil resplandor, que se encendía y apagaba con cierta regularidad. Entonces me di cuenta que bastaba desearlo para cambiar de posición y, lentamente, milímetro a milímetro, me fui acercando a él. Era una especie de claraboya a través de la cual pude ver la sala de mi propia casa. Ahí, un hombre que se parecía a mí se esmeraba frente al ordenador, daba palmadas en la cabeza de mi perro, bebía café de mi taza favorita y conversaba con mi mujer, pasándole el brazo sobre los hombros y sonriendo tal y como yo lo hubiera hecho.
© Andrés Borbón 2008
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Comentarios
10 Comentarios a “Teletransportación”
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Los posibles riesgos de la teletransportacion, sabra dios donde termino, menos mal que no quedo con los pies en la cabeza o con los ojos en la espalda
Buen relato Andres
Saludos
Dante
Dante: Je, je. Sí, primero se me ocurrió hacer algo como “La Mosca”. ¿Recuerdas la película? Fue la inspiración para este cuento, pero decidí darle un final y una motivación diferentes.
Como no recordar al pelicula todo un clasico en su epoca le hiceron creo una segunda parte pero no tan interesante como la primera, recuerdo que me quede todo asustadillo cuando el tipo se comenzaba a convertir en Mosca.
Saludos
Dante
Dante: A mí también me impresionó mucho, sobre todo porque imaginé las posibilidades de un aparato así, además de que la actuación de Joseph Goldblum (creo que así se llama el actor) era de lo más convincente. Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, aunque no soporto la escena del perro en el pozo. Aterradora.
Creo el actor es Jeff Golblum si mi mente no me traiciona, y si la escena del perro carajo, luego cuando al protagonista le entra la etapa de comer cosas exageradamente dulces, sentia hasta que me empalagaba nada mas de verlo.
Saludos
Dante
Dante: Je, je, sí que me acuerdo. Como yo era pequeñín, se me hacía maravilloso que pudiera comer todas esas cosas deliciosas, pero ahora lo recuerdo y me da asco. Sí, era Jeff, no Joseph. Je, je. Soy pésimo para los nombres. ¡Qué recuerdos!
Este cuento es como el vídeo de Kane - Crystal Ball. Solo que el tipo sale de su casa al trabajo como cualquier día y cuando regresa a casa se encuentra un coche extraño a la entrada de su casa, su llave no coincide con la chapa y dentro de su casa esta otro tipo que resulta ser el y no se que otro pedo sucede. Pero pues por ahí esta la cosa.
Javier: No he visto el video, pero lo buscaré para echarle un ojo. Muchas gracias por la recomendación. Como dicen: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Además, es un tema muy conocido el de los dobles, o sosias. Creo que es una de las cosas que más miedo podrían provocarme: Ver a una persona idéntica a mí viviendo mi vida.
Muy bueno el relato. Dan miedo los peligros de la teletransportación o los viajes al pasado y/o futuro. Creo que yo que el hombre me hubiera vuelto loco al verme a mí mismo viviendo mi vida.
Tú Misma: Creo que la idea de “disolvernos” y luego reagruparnos para aparecer en otra parte debe tener peligros como este, donde apareceremos en algún lugar extraño o, simplemente, que la reaparición no se de y quedemos dispersados en el aire. Sin embargo, los científicos paracen estar muy seguros de que la teletransportación es posible. Ojalá que también sea segura.