Si hacemos algo de memoria hasta localizar en nuestros recuerdos aquellas clases de física que no nos gustaban nada (por lo menos a mí me aburrían), recordaremos que la viscosidad es la propiedad de la materia que impide su deformación tangencial y dificulta el flujo del material.
Mientras menos viscoso es un líquido, fluye de mejor manera. Para ejemplificar esto, imaginemos dos materiales: Mermelada y agua. Si tratamos de hacer que estas sustancias fluyan a través de un tubo o una manguera, indudablemente será más sencillo conseguirlo con el agua, ya que es menos viscosa que la mermelada.
Los superfluídos tienen menos viscosidad y tienden a fluir libremente de manera casi interminable, pues prácticamente no existe fricción entre sus partículas. Para esto, dichas sustancias tienen que estar muy frías, cerca del cero absoluto y, además, deben permanecer líquidas. Esto es un problema pues a estas temperaturas los líquidos tienden a congelarse.
Dos isótopos del helio son la excepción: El Helio 4 y el Helio 3. Al tornarse superfluídos, pueden atravesar el fondo de un vaso de cristal a través de los poros infinitesimales que tiene éste, y un circuito de helio superfluído puede circular interminablemente.
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