
Adoro las tazas. Como buen bebedor de café, las compro al menor descuido, las colecciono y me parecen el mejor regalo del mundo. No tengo muchas, pero eso es sólo porque, de vez en cuando, la conciencia me juega malas pasadas.
Para los más extravagantes, he aquí tres tazas que seguramente no figuran en su colección.
Evidentemente, son fakes, pero qué bonitas tazas, ¿no?



