

Cuando Yoani Sánchez, de 32 años, desea actualizar su blog acerca de la vida día a día en Cuba, se viste como turista y entra caminando tranquila y confiadamente a un hotel de la Habana, saludando al personal en Alemán. Esto, porque los cubanos como Sánchez, no están autorizados a usar las conexiones de internet del Hotel, las cuales están reservadas para los extranjeros.
Una vez dentro del hotel, Yoani tiene que escribir rápido. No porque tema ser descubierta, sino porque la conexión a internet es prohibitivamente cara: Una hora cuesta aproximadamente 6 dólares. De los 11 millones de habitantes que tiene la isla, sólo 200 mil cubanos tienen internet. La mayoría de los cubanos abre sus cuentas de email en las oficinas postales, donde pueden consultarlo. Sin embargo, el acceso al resto de la web está bloqueado
El blog de Yoani Sánchez se llama Generación Y, y éste es el texto que explica el nombre de su sitio:
Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una “y griega”. Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito espacialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus “y griegas” a que me lean y me escriban.
He aquí un fragmento de una entrada, correspondiente al 15 de Octubre de este año:
Durante este fin de semana se desarrolló en la ciudad una feria de venta de libros. Una buena idea para salir del marasmo cultural que desde fines del verano cubre a La Habana. El Paseo del Prado y las áreas alrededor del Capitolio se llenaron de carpas, música y de un público deseoso de ver nuevos títulos y alarmado ante el elevado costo del “vicio de leer”.
Me paseé un par de horas por entre los kioscos y comprobé el gran por ciento de reediciones que adornaban los anaqueles. También volví a notar a los ausentes, a los que no se mencionan, a los escritores cubanos que han pasado, en más de cuarenta años, a engrosar la lista de los “prohibidos”. La selección entre quién puede ser leído en Cuba y quién no, forma parte de la política cultural y fue justamente el tema que nutrió la polémica intelectual ocurrida entre enero y febrero de este año.
El blog de Yoani no permite hacer comentarios, y la única manera de comunicarse con ella es a través del email. Dentro de unas semanas, nos promete la autora, transferirá todo a una plataforma que sea capaz de recibir las reacciones de sus lectores. Estoy seguro que cuando eso suceda, recibirá un alud de respuestas. Por lo pronto, sigue trabajando, dice, en la delgada línea de la legalidad-ilegalidad (yo agregaría que en la línea que divide la realidad y la irrealidad), aprovechando los delgados resquicios que deja el férreo control de las autoridades cubanas.
Una lástima que sucedan cosas así, que el derecho a expresarse se vea coartado de tal manera, que el blogger deba exponer su seguridad (y hasta su libertad) con tal de seguir trabajando, que haya tan pocas posibilidades de ayudar y que muchas de las aspiraciones de nuestros hermanos cubanos se topen con el vacío.
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